Cuatro argentinos recibieron el Cervantes, el mayor galardón literario de habla hispana. De los primeros dos –Borges y Sabato- ya hablamos en las dos ediciones anteriores. Los restantes también están presentes en el libro LA GACETA Literaria 1949-2026.

Adolfo Bioy Casares llegó al suplemento por la puerta que abrió Sabato en los inicios. Para el libro elegimos “El cuarto sin ventanas”, relato ilustrado por Silvina Ocampo que transcurre en Berlín Oriental poco antes –fue publicado en 1986- de la caída del Muro. Bioy aparece también en el libro a través de los recuerdos de Eduardo Paz Leston de sus recurrentes visitas a la casa de Bioy y Silvina, a propósito de la publicación de Borges, libro en el que el autor de La invención de Morel reconstruye sus conversaciones con su gran amigo y que en estos días está siendo reeditado.

Otros Cervantes

El otro Cervantes argentino es Juan Gelman, de quien seleccionamos un fragmento de una entrevista que le hizo Mónica Cazón, en la que el escritor rememora -ya sobre el final de su vida- la primera nota periodística que escribió.

Hay otro Cervantes, pero nicaragüense, incluido en el libro. Sergio Ramírez, vicepresidente del primer Daniel Ortega, hoy exiliado por la persecución del actual –devenido dictador- Ortega. En el libro habla sobre eso. Sobre el exilio, Ortega, las dictaduras y el temor que estas tienen a las palabras.

El Oscar del título alude a un solo ganador, aunque los premios fueron dos. El primero en 2005, por la banda sonora de Secreto en la montaña, y el segundo en 2006, por Babel. Con partituras minimalistas, muy lejos de los arreglos orquestales característicos de las producciones de Hollywood, Gustavo Santaolalla dejó su huella en el cine con su música. En el texto que seleccionamos habla sobre el tango, los recuerdos de la infancia y la forma en que la música impregna al lugar en que surge.

Príncipes y princesas

Acá también vale la precisión. Son dos nombres pero un mismo premio. El príncipe Felipe, al asumir el trono en 2014, dejó el principado en manos de su hija Leonor. Por eso, cuando Paul Auster lo ganó en 2006, se denominaba premio Príncipe de Asturias a las Letras. Estuvo en Buenos Aires, en los inicios de la crisis de 2001. Alguien le preguntó qué libro nos recomendaría en el contexto que atravesábamos y respondió que no podía imaginar que un argentino pudiera leer algo en esas circunstancias. En esos días estaba puliendo las últimas páginas de El libro de las ilusiones, novela que tiene como uno de sus principales personajes a Héctor Mann, un imaginario cómico argentino del cine mudo. En 2007, meses después de que ganara el Príncipe de Asturias, publicamos en el suplemento una entrevista que le hizo Celine Curiol. ¿Puede la escritura matar?, se pregunta en el fragmento que elegimos para el libro.

Ya transformado en Princesa de Asturias, Richard Ford lo ganó en 2016. Tres años antes, fue entrevistado por Fabián Soberón. En el pasaje escogido para el libro, este gran escritor norteamericano habla sobre el extraordinario cuentista, de quien fue amigo, Raymond Carver.

En 2021, el premio recayó en Emmanuel Carrère, quien acaba de visitar nuestro país. Ese año lo entrevistamos y habló sobre El reino, libro apasionante en el que el autor, hoy agnóstico, dialoga con el católico ferviente que fue, y en paralelo se sumerge en los orígenes del cristianismo, con un foco particular en san Pablo, figura decisiva para la universalización del mensaje de Jesús.

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